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Del centro reconstruido tras 1941 a los bloques de los sesenta: qué falla

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Portafusibles de porcelana de una instalación eléctrica antigua

Respuesta corta

El 61,3 % de las viviendas de Santander está en edificios anteriores a 1981, según el Censo 2021. Muchas son de la reconstrucción tras el incendio de 1941 o de la gran oleada de 1961 a 1980. En esos pisos son habituales los 3.450 W contratados, dos circuitos para toda la casa, el cable original, empalmes de varias épocas y tomas sin conductor de protección o con la tierra deteriorada. Lo que conviene revisar es el estado del cuadro y sus bornes, el aislamiento de los circuitos, la toma de tierra y que haya un diferencial de 30 mA que funcione. Revisar a tiempo evita la avería de una noche de invierno.

¿Por qué hay tantos pisos con instalación antigua en Santander?

Porque la ciudad se construyó, en gran parte, en dos momentos. Uno tras el incendio de 1941. Otro, mucho mayor, en los sesenta y setenta. El Censo 2021 del INE lo deja claro: de 93.407 viviendas, 57.224 están en edificios anteriores a 1981. Es el 61,3 %.

La década con más viviendas es 1961-1970, con 20.373. Le sigue 1971-1980, con 15.404. Entre las dos suman el 38,3 % del parque. Antes de 1971 ya estaba levantado el 44,8 % de lo que hoy existe.

La población acompaña. Según los censos del INE, Santander tenía 102.462 habitantes de hecho en 1950, 118.435 en 1960, 149.704 en 1970 y 180.328 en 1981. Ganó unas 78.000 personas en tres décadas, la mayor parte entre 1960 y 1981.

Muchas de esas instalaciones han tenido reformas parciales. Un cuadro nuevo aquí, una cocina allá. Pero el cable que va por dentro de las paredes, las cajas de empalme y la derivación desde el contador suelen ser los originales. Ahí es donde aparecen las averías.

¿Qué dejó el incendio de 1941 en el centro?

El incendio empezó el 15 de febrero de 1941. Según la *Revista Nacional de Arquitectura* de ese mismo año, arrasó 12 hectáreas de la parte más céntrica y comercial. Destruyó unos 350 edificios y más de 1.500 viviendas, además de unos 500 comercios.

La misma fuente describe el recorrido. Empezó en una finca de la calle Méndez Núñez, alcanzó la Catedral, cruzó Ribera y Atarazanas y se contuvo en la calle Tantín. Atribuye la propagación a «un terrible huracán» sobre una ciudad expuesta a los vientos dominantes.

La respuesta del Estado fue rápida. Una ley de 5 de abril de 1941 creó el cargo de Delegado Especial del Gobierno para la reconstrucción de Santander. El anteproyecto de ordenación hizo de Ribera y Atarazanas el eje que enlaza el paseo de Pereda con el paseo de Oviedo.

El centro que se ve hoy es, en buena parte, de esa reconstrucción. Según el Censo 2021, los edificios de 1941 a 1960 suman 10.338 viviendas en toda la ciudad. Sus instalaciones se pensaron para la luz y poco más. Si vives en el Centro, es probable que tu instalación tenga capas de varias épocas.

¿Y el Barrio Pesquero?

Es otro capítulo de la misma época. Entre 1943 y 1965 se levantó el Nuevo Poblado de Pescadores Sotileza, junto a la dársena de Maliaño. Allí se trasladó a 265 familias de pescadores que vivían en Puertochico, San Martín y Tetuán. Hoy es el Barrio Pesquero.

Eran viviendas modestas, pensadas para un consumo eléctrico mínimo. Muchas han tenido reformas, pero comparten dos condiciones que pesan. Una es la edad de la instalación de base. La otra es la cercanía al agua de la bahía, con su humedad y su sal.

Esa combinación es la que más averías da en un piso antiguo junto al mar. Bornes que se oxidan, cajas que acumulan humedad y diferenciales que saltan con la lluvia. En salitre y corrosión explicamos el mecanismo.

¿Qué cambió con el reglamento de 1973?

En 1973 se aprobó el Decreto 2413/1973, el reglamento electrotécnico de baja tensión que estuvo vigente hasta 2003. Con él llegaron las instrucciones MI-BT, que fijaban grados de electrificación y prescripciones para las viviendas.

Una de esas instrucciones, la MI BT 023, ya exigía el cable de toma de tierra del edificio. Eso significa que muchos pisos anteriores se hicieron sin conductor de protección. Y que en algunos posteriores la tierra existe, pero se ha deteriorado o se ha cortado en alguna reforma.

El Censo agrupa 1971-1980 en un solo bloque, así que no se puede separar con exactitud lo anterior y lo posterior a 1973. La forma de saber cómo está tu piso no es la fecha del edificio. Es medirlo.

El reglamento actual es el Real Decreto 842/2002. Para vivienda nueva prevé al menos 5.750 W en electrificación básica y 9.200 W en la elevada, según la ITC-BT-10. Y exige diferenciales de 30 mA para todos los circuitos, según la ITC-BT-25. Un piso antiguo puede seguir lejos de eso sin que nadie lo haya notado.

¿Qué suele fallar en esos pisos?

Lo primero, la potencia. Muchos tienen 3.450 W contratados y dos circuitos para toda la casa: uno de luces y otro de tomas. Con la cocina, el termo y la lavadora eléctricos, el control de potencia salta y los magnetotérmicos trabajan al límite. En por qué salta el ICP lo explicamos.

Lo segundo, el cable. El aislamiento envejece, se endurece y se agrieta, sobre todo cerca de lámparas y cajas que se calientan. En las cajas de empalme aparecen uniones retorcidas con cinta aislante vieja. Cada empalme flojo es un punto de calor.

Lo tercero, la tierra. Tomas sin el contacto de tierra o con él sin conectar, y edificios con la tierra común deteriorada. Un electrodoméstico con una fuga no tiene por dónde descargar. Y el diferencial, si existe, solo actúa cuando la corriente ya pasa por algo o por alguien.

Lo cuarto, lo común. La centralización de contadores, la derivación individual que sube por la escalera y la caja general de fachada suelen ser de la época. Si falla algo ahí, se apagan varias viviendas. Esas averías se resuelven con la comunidad, como contamos en averías en comunidades.

Y lo quinto, las reformas a medias. Un baño reformado con tomas nuevas que cuelgan de un cable viejo. Una cocina con placa de inducción enchufada al circuito de tomas generales. Un cuadro moderno con un diferencial nuevo y, detrás, el cableado de siempre. Por fuera parece al día, y por dentro mezcla tres épocas.

¿Qué señales dicen que la instalación ya no da más?

Las luces que bajan de intensidad al arrancar la lavadora o el horno. Es caída de tensión: el cable o un empalme no aguantan la corriente que se les pide. Un poco es normal en un piso antiguo. Si se nota mucho, hay un punto que calienta.

Los enchufes que se notan templados con un aparato conectado, o las clavijas que salen con el plástico deformado. Las tapas de los mecanismos con manchas oscuras alrededor. Un zumbido o un chisporroteo en un interruptor. Todo eso apunta a contactos gastados o flojos.

Los calambres suaves al tocar un electrodoméstico con carcasa metálica. Es la señal más clara de que no hay tierra o de que no funciona, y de que algo fuga. No es una molestia: es una advertencia seria. Desenchufa ese aparato hasta que se revise.

Y las regletas en cadena. Si para tener la cocina en marcha hacen falta dos regletas y un alargador, la instalación se ha quedado corta en tomas y en circuitos. El riesgo ya no está en la pared: está en el suelo, en los enchufes múltiples que calientan.

¿Qué conviene revisar si vives en uno?

Empieza por lo que ves. Un cuadro con fusibles de porcelana, sin diferencial o con uno que no salta al pulsar el botón de prueba necesita una revisión. Enchufes sin tierra, mecanismos ennegrecidos o tapas que se calientan, también. Y si hay olor a quemado en algún punto, no esperes.

En la revisión se mide el aislamiento de cada circuito, se comprueba la toma de tierra y su valor, y se prueba el diferencial con un comprobador. Se abren el cuadro y las cajas de empalme más cargadas para ver bornes y uniones. Con esos datos se decide qué reparar primero.

No siempre hace falta rehacer la instalación entera. A veces basta con un cuadro nuevo con diferencial, separar la cocina en su circuito y reparar la tierra. Otras veces el cable no da más de sí. Lo decidimos con mediciones, no a ojo. Más en cuadros eléctricos y protección y toma de tierra.

Damos la horquilla de precio antes de ir y el precio cerrado por escrito antes de empezar. Si tu piso es de la reconstrucción o de los sesenta y algo ya ha avisado, avísanos por el formulario. Cuéntanos qué ha pasado y te llamamos con hora concreta de llegada.

En resumen

  • El 61,3 % de las viviendas de Santander está en edificios anteriores a 1981
  • El incendio de 1941 arrasó 12 ha del centro, que se rehízo en los cuarenta y cincuenta
  • Muchos pisos de la época tienen 3.450 W, dos circuitos y el cable original
  • La tierra del edificio ya la pedía la norma de 1973; muchos pisos anteriores no la tienen
  • Revisar es medir aislamiento, tierra y diferencial, no rearmar palancas

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