La sal del aire también entra en el cuadro: dónde corroe y qué mirar
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Respuesta corta
La sal que trae el aire del mar se deposita sobre bornes, tornillos y cajas eléctricas. Esa sal atrae la humedad y forma una película que corroe el metal. El óxido sube la resistencia del contacto, el contacto se calienta y el apriete se pierde. El resultado son diferenciales que saltan sin motivo aparente, bornes ennegrecidos y cuadros que huelen a quemado. La corrosión es mayor cuanto más cerca de la costa está la instalación, según los estudios del CENIM-CSIC. Lo que más sufre son las cajas de fachada, los cuadros en galerías y terrazas y la tornillería expuesta. Revisar a tiempo cuesta poco; reparar un borne quemado, bastante más.
¿Qué le hace la sal del aire a una instalación eléctrica?
El viento que llega del mar lleva gotas microscópicas de agua salada. Cuando el agua se evapora, la sal queda pegada a lo que encuentre. Una fachada, una barandilla, el interior de una caja de registro o los bornes de un cuadro. No hace falta que salpique el mar: basta con el aire.
Esa sal es sobre todo cloruro, y el cloruro tiene una costumbre molesta. Atrae el agua del ambiente. En Santander la humedad relativa media es del 74 %, según los valores normales de AEMET en el aeropuerto para 1981-2010. Con ese aire, la sal depositada casi nunca está seca del todo. Forma una película húmeda y salina sobre el metal.
Esa película conduce la electricidad y ataca el metal a la vez. El cobre se cubre de una costra verdosa. El latón de los bornes pierde brillo y se pica. La tornillería de acero se oxida y se hincha. El proceso es lento, de meses o años, y no da ningún aviso hasta que algo falla.
El problema no es estético. Un borne es un contacto apretado entre dos metales. Si entre ellos crece una capa de óxido, la corriente pasa por menos superficie y con más resistencia. Y donde hay resistencia, hay calor.
¿Importa vivir en primera línea o a unas calles del mar?
Importa, y está medido. Un trabajo del CENIM-CSIC publicado en la *Revista de Metalurgia* en 1998 estudió la corrosión en atmósferas marinas. Encontró una relación lineal muy clara entre la sal depositada y la corrosión del metal, con un coeficiente de correlación de 0,97.
El mismo estudio describe cómo cambian las dos cosas con la distancia. La salinidad y la corrosión decrecen de forma exponencial al alejarse de la costa, hasta quedarse en un valor de fondo. Dicho en sencillo: los primeros metros desde el mar son los peores, y el efecto cae rápido tierra adentro.
Hay una norma internacional que ordena todo esto: la ISO 9223, que clasifica la agresividad del aire para los metales. Una de las cosas que mide es precisamente el depósito de cloruros. Para Santander no hay una categoría publicada que podamos citar. Así que no vamos a darte una cifra local que no existe.
Lo que sí se puede afirmar es el mecanismo. Un cuadro en una galería de El Sardinero, una caja de fachada en Puertochico o una casa en Somo trabajan en peores condiciones que una vivienda del interior. No es una regla de calle a calle. Es una tendencia que se nota en los bornes cuando se abren.
¿Dónde ataca primero en un piso o en una casa?
En lo que está fuera o medio fuera. La primera es la caja general de fachada, la que recoge la acometida del edificio. Está a la intemperie, recibe la lluvia de lado y muchas veces tiene la tapa mal cerrada. Por dentro acumula humedad, sal y suciedad.
La segunda son los cuadros en galerías y terrazas cerradas. Es muy habitual en pisos antiguos de la ciudad. La galería se cerró, el cuadro quedó allí y en ella se condensa agua cada mañana de invierno. El aire húmedo y salino entra por las rendijas de la carpintería y se queda.
La tercera es lo que está realmente expuesto. Tomas de terraza, puntos de luz de fachada, focos de jardín, el motor del toldo y las cajas de registro exteriores. Ahí la sal no llega con el aire: llega con la lluvia y se queda en el fondo de la caja.
Y la cuarta es la tornillería. Los tornillos de apriete de los bornes, los de las tapas y las grapas de sujeción. Un tornillo que se oxida pierde apriete. Además, cuando hay que aflojarlo para revisar, a veces se parte. Por eso en costa conviene revisar antes de que la cosa empeore.
¿Por qué un borne oxidado acaba quemado?
Porque se mete en un círculo que se alimenta solo. El óxido sube la resistencia del contacto. La resistencia convierte parte de la corriente en calor. El calor dilata el metal mientras hay consumo y lo contrae cuando el consumo baja. Ese movimiento diario afloja el tornillo un poco cada vez.
Un borne más flojo tiene todavía más resistencia, así que calienta más. Con más calor, el óxido crece más deprisa. Al final el plástico de alrededor se ablanda, se ennegrece y empieza a oler. Es la típica caja con el borne carbonizado y la funda del cable cuarteada.
Hay un segundo camino, más discreto. La película de sal y humedad conduce un poco. Si se forma entre una fase y una parte metálica unida a tierra, aparece una pequeña fuga a tierra. El diferencial la detecta y salta. Muchas veces lo hace de madrugada o con niebla, cuando la humedad es mayor, y por el día no se reproduce.
Por eso un diferencial que salta «sin motivo» en una casa cerca del mar no se arregla cambiando el diferencial. El aparato está haciendo su trabajo. Lo que hay que encontrar es dónde está la humedad salina que deja escapar la corriente.
¿Por qué la avería da la cara con niebla, lluvia o de madrugada?
Porque la sal seca apenas conduce. Lo que la activa es el agua. Una caja con sal depositada puede pasar semanas sin dar guerra en un tiempo seco. Basta una noche de niebla o una racha de lluvia para que la película se humedezca y empiece a fugar.
En el aeropuerto de Santander, AEMET registra 13,4 días de niebla al año y 123,6 días de lluvia, según los valores normales de 1981-2010. Noviembre es el mes más lluvioso. Es la época en que más diferenciales caen sin causa aparente en casas cercanas al mar.
La madrugada tiene su propia explicación. Al bajar la temperatura, el aire húmedo se condensa sobre las superficies más frías. Una caja empotrada en una fachada o un cuadro en una galería sin calefacción amanecen con gotas por dentro. A media mañana se secan y la avería desaparece hasta la noche siguiente.
Por eso es tan útil apuntar cuándo salta. Si siempre cae de madrugada, con niebla o tras un chaparrón, la pista es la humedad sobre sal. Ese dato orienta la medición hacia los puntos expuestos y ahorra horas de búsqueda.
¿Qué puedo revisar yo sin abrir nada?
Mucho, solo con mirar y oler. En el cuadro, fíjate en la tapa y en las palancas. Manchas de óxido que bajan desde los tornillos, polvo blanco o verdoso en las ranuras o plástico amarillento son señales claras. Un olor dulzón a plástico caliente es otra, más seria.
Pon la mano sobre la tapa del cuadro cuando la casa tiene consumo. Debe estar a temperatura ambiente. Si una zona está templada, hay un contacto que calienta. No abras la tapa para buscarlo. Haz una foto, deja la casa con el menor consumo posible y avísanos.
Fuera, mira las tomas de terraza y los puntos de luz de fachada. Si la tapa no cierra, si la junta está rota o si hay agua dentro, esa toma es candidata a fuga. Lo mismo con las cajas de registro: una tapa abombada o con óxido alrededor suele esconder empalmes en mal estado.
Pulsa el botón de prueba del diferencial una vez al mes. Si salta, el mecanismo responde. Si no salta, o cuesta mucho volver a subirlo, el aparato está agarrotado. En ambientes salinos eso pasa más de lo que parece, y un diferencial que no dispara no protege a nadie.
¿Qué hacemos cuando vamos a revisarla?
Primero medir. Con un medidor de aislamiento se comprueba circuito por circuito si hay fuga a tierra y dónde. Esa medición separa una instalación sucia de una instalación dañada. No se resuelve rearmando palancas ni cambiando piezas a ciegas.
Después, abrir y apretar. Se revisa el apriete de cada borne del cuadro y de la caja general. Lo que tiene óxido superficial se limpia. Lo que está picado, ennegrecido o deformado se sustituye. La tornillería oxidada se cambia por otra adecuada al ambiente, para que el problema no vuelva en un año.
Fuera, el arreglo suele ser de estanqueidad. Cajas con mejor cierre, prensaestopas donde entran los tubos y mecanismos estancos en terrazas y fachadas. Si el cuadro está en una galería con condensación, a veces lo sensato es mejorar su envolvente. Ver más en cuadros eléctricos y protección.
Si lo afectado es la caja de fachada o los elementos comunes del portal, la reparación se coordina con la comunidad. En averías en comunidades explicamos cómo trabajamos ahí. En todos los casos damos una horquilla antes de ir y el precio cerrado por escrito antes de reparar.
Y si hoy ya hay olor a quemado, una palanca templada o un diferencial que no se sostiene, no esperes a la revisión. Avísanos, cuéntanos qué ha saltado y te llamamos con hora concreta de llegada.
En resumen
- La sal del aire se deposita en bornes y cajas, y con la humedad los corroe
- La corrosión es mayor cuanto más cerca del mar está la instalación
- Un borne oxidado calienta, se afloja y acaba quemando el plástico
- Un diferencial que salta con niebla o lluvia suele avisar de una fuga salina
- Tapa templada, polvo verde o olor a plástico: no abras y avísanos
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